Seleccionando candidatos presidenciales
Eduardo Engel*
La Tercera, 13 de jlio de 2008
Algo está mal en cómo seleccionamos nuestros candidatos presidenciales. La falta de un proceso preestablecido da lugar a situaciones absurdas que desprestigian la política, permitiendo que las encuestas de opinión tengan un peso mayor del deseable.
El fin de semana pasado el diputado Fidel Espinoza inscribió a Ricardo Lagos como precandidato presidencial con miras al cónclave en que el Partido Socialista zanjará el tema presidencial a fines de noviembre. De regreso en el país, el martes de esta semana, Lagos explicó que no estaba entre sus planes ser candidato presidencial. "Yo supongo que las inscripciones tienen que contar con la aquiescencia del inscrito" comentó con humor el ex mandatario. Pareciera que no es así, al menos en el Partido Socialista.
José Miguel Insulza, en cambio, aclaró durante un desayuno que sostuvo el miércoles con los dirigentes del Partido Socialista que sólo dejará la OEA si es designado candidato presidencial por su partido. Esto en respuesta a declaraciones de algunos dirigentes planteando la conveniencia de que dejara la OEA para postular a la precandidatura de su partido. ¿Cuáles son las condiciones para postular a una precandidatura del Partido Socialista?, ¿cuáles para ser nominado por dicho partido? Quien sabe.
Esta fue la semana del Partido Socialista, pero los restantes partidos también han tenido sus momentos de gloria reflejando la ausencia de un proceso para nominar precandidatos. Cómo no olvidar las presidenciales del 2005, cuando la ausencia de reglas claras permitió a Adolfo Zaldívar retrasar la nominación de Soledad Alvear una y otra vez, restándole así toda posibilidad ante Michelle Bachelet.
La ausencia de reglas claras también se nota cuando la Concertación y la Alianza seleccionan sus candidatos. A veces hay primarias, otras veces no. Y cuando hay primarias, no se fija con debida anticipación los plazos de inscripción, las fechas de votación o el universo de votantes. Todo se hace tarde, todo esta sujeto a negociación, todo con calculadora en mano. En este ciclo electoral el tema es más relevante para la Concertación, en las presidenciales del 2005 lo fue para ambas coaliciones.
El contraste con las primarias en los Estados Unidos es interesante. Al comienzo del 2008 se habló mucho de que una contienda agresiva entre Hillary Clinton y Barak Obama, sin un vencedor claro, permitiría que Al Gore emergiera como candidato de consenso del Partido Demócrata. Sin embargo, al final la nominación demócrata se la llevará Obama, porque ganó en primarias con reglas claras y Gore pagó por su decisión de no someterse al veredicto popular. Y cuando, hacia el final de las primarias, Hillary Clinton argumentó que las encuestas le daban mejores posibilidades frente a John McCain, Obama respondió que las primarias se ganan en base a los votos de los electores demócratas, no las encuestas de opinión. Como veremos a continuación, las encuestas importan más que los votos en Chile.
El jueves de esta semana se conoció la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP). Ante la pregunta de por quién votaría el encuestado si la elección presidencial fuera el próximo domingo, Piñera obtiene un 32%, Lagos un 19% e Insulza un 11%. Les siguen Lavín con un 9%, Alvear con un 8% y Frei con un 6%. Y cuando se le pide a los encuestados que, en una eventual segunda vuelta, también "el próximo domingo", elijan entre Piñera y Lagos, el empresario de RN gana con una diferencia de 9 puntos porcentuales, diferencia que crece a 16 y 17 puntos cuando la opción concertacionista es Alvear o Insulza.
Para la clase política chilena esta encuesta se ha vuelto clave, determinando el auge de algunos candidatos y el fin de más de un aspirante presidencial. Según escribió Pamela Jiles en una columna reciente en el Clinic, María Angélica (Jupi) Alvarez pasó a integrar el círculo de hierro de Michelle Bachelet cuando logró que la entonces ministra de defensa fuera incluida en la encuesta del CEP, momento clave en la carrera política de la actual presidenta. La ausencia de un proceso de selección de candidatos significa que el CEP tiene una influencia significativa determinando las nuevas caras que emergen en el firmamento político.
¿Cuánto peso debiéramos dar a encuestas como la publicada esta semana? Mucho menos del que le damos y esto no es una crítica a la calidad de las encuestas del CEP. Un problema central es que las elecciones no son el domingo que viene, como dice la pregunta que se hace a los encuestados, sino en más de un año. Con un proceso bien establecido los electores tendrían oportunidad de informarse sobre qué planea hacer cada candidato, cambiando sus preferencias electorales en el proceso. Por ejemplo, ¿no sería bueno conocer los lineamientos centrales de un eventual segundo gobierno de Lagos antes de que la Concertación se decida por el ex presidente? También sería valioso contrastar las diferencias entre Lagos e Insulza antes de optar por uno de ellos, exponiendo además sus fortalezas y debilidades en el proceso. Y conocer en qué temas difieren los "no candidatos" anteriores de Soledad Alvear. Con la situación actual es probable que nunca conozcamos las respuestas a estas inquietudes, o que las conozcamos después de nominados los candidatos presidenciales. Con la situación actual los resultados de las encuesta del CEP terminan transformándose en profecías autocumplidas.
*Eduardo Engel es profesor de economía de la Universidad de Yale.
Eduardo Engel
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