Es la competencia, estúpido.
Leonidas Montes
La Tercera, sabado 16 de agosto de 2008
La inspiración tras el slogan "es la economía, estúpido", acuñada al inicio internamente por James Carville, le permitió a Clinton ganarle a Bush las elecciones del año 1992.
Pero la economía es algo muy general. La competencia es el fenómeno social clave para el desarrollo económico. Dado que los seres humanos tenemos una propensión al intercambio, es la competencia quien le da vida al mercado. Y hablamos no sólo de una competencia de mercado, sino también de una competencia en capacidades. Ambas están relacionadas. No en vano usamos la palabra "competente". Bien sabemos que la competencia mejora nuestro capital humano.
Quizá un gran aporte al debate en esta dirección fue la publicación del libro "Que gane el más mejor" de Engel y Navia ya que puso en el tapete público la metáfora de la sociedad -- en analogía al mercado -- como una cancha de fútbol con las mismas reglas para todos. Esta idea de que todos jugamos en igualdad de condiciones, donde a los más competentes les puede ir mejor, tiene sus orígenes en Adam Smith. Y posteriomente Hayek, a la luz de la competencia como proceso de descubrimiento, desarrolló esta tesis de manera magistral.
¿Pero existe "competencia" en nuestro país?
En educación aún tenemos el Estatuto Docente, una obra maestra contra la competencia. Los profesores que juegan ese partido ganan más mientras más tiempo pasan en la cancha. No importa cómo juegan, sólo cuanto tiempo permanecen en la cancha. Y sólo ellos pueden jugar. No debe sorprendernos que más de la mitad de los profesores acogidos al Estatuto Docente tengan más de 51 años. Tampoco que el Colegio de Profesores se oponga a cualquier tipo de evaluación. Así, arrogándose el rol de garantes de la mediocridad, despretigian la labor de muchos abnegados profesores.
Tampoco olvidemos que la evaluación docente es principalmente un proceso de autevaluación. A los profesores se les exige llenar un engorroso portafolio que constituye un 60% de la evaluación. Y como el mercado funciona, incluso frente a la burocracia, este servicio se ofrece por $200.000.- Pero lo más triste es que no vale la pena preguntarse por la calidad de la actual evaluación docente ya que el Colegio de Profesores simplemente se opone a que nuestros docentes sean evaluados. Quizá los resultados de la exitosa experiencia educativa en Cuba deberían servirnos como ejemplo. En esa isla, que continúa inspirando un halo de romanticismo, los profesores mal evaluados son expulsados.
Y en educación superior tenemos otro cartel que fue creado en el año 1954: el obsoleto Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH), formado por las 25 universidades que se reparten la torta. Irónicamente parte de la visión del CRUCH es "una nueva cultura política … donde el poder, lejos de concentrarse, se amplifique" (sic.). Este club planifica lo que debe ser una buena educación superior cuenta con un sofisticado organigrama.
Veamos qué pasa en política. Senadores, diputados y alcaldes se reeligen con bastante frecuencia. Se ha hablado de una serie de proyectos para modificar el binominal. Pero la realidad es más simple. Pero también cruda. Muchos honorables quieren seguir en el Congreso. Y así como los senadores ven competencia en diputados y ministros, éstos ven competencia en los alcaldes.
Por lo tanto, no deben sorprendernos las edades de nuestros eventuales candidatos presidenciales: Ricardo Lagos Escobar (70), Eduardo Frei (66), José Miguel Insulza (65) y los más jóvenes, Soledad Alvear y Sebastián Piñera, tienen 57 y 58 años. Obama tiene 46 años. En Inglaterra los dos posibles rivales para el próximo año serán David Cameron (41) y David Milliband (43). Rodríguez Zapatero llegó al poder con 44 años y Tony Blair tenía sólo 43 años. Angela Merkel, quien parece bastante mayor, hoy tiene 54 años. Y si en Europa la población envejece y elige a los más jóvenes, ¿qué pasa en Chile donde tenemos una población mucho más joven?
Para qué hablar de competencia en nuestras empresas públicas. Codelco, por mencionar la más importante, no es precisamente un buen ejemplo de competitividad. Ya no es la empresa con más utilidades en Chile. Y puede seguir con ENAP (con un reciente récord en pérdidas), EFE (una historia que no vale la pena recordar), ENAMI, CIMM T&S (de la cual poco se sabe aún) y otra serie de empresas.
En muchos de estos casos más que competencia tenemos fenómenos de captura que generalmente imponen barreras de entrada. Si Joseph Schumpeter definió maravillosamente el concepto de "destrucción creativa" para explicar el motor de la competencia, en Chile mantenemos ingeniosas fórmulas de "protección creativa".
Al parecer Chile ya entendió esto de que "es la economía, estúpido". Hoy parece ser más relevante el slogan "es la competencia, estúpido".